Google debe morir
No sé si sólo me pasa a mi, pero el único momento del día en el que la palabra Google no está flotando a mi alrededor es cuando ojeo la sección de congelados del super. Google está avanzando tan rápido que uno tiene la sensación de que de un momento a otro va a acabar explotando.
En las últimas semanas he probado Wave (bluf) y Android (boom), me parece haber escuchado cosas de su Navigator, un sistema de videoconferencias, el sistema operativo de Chrome, Chromium para Mac, su propio lenguaje de programación, su programa de apoyo a las energías verdes, novedades en su sistema de micropagos Checkout, el Dashboard, su incursión en el terreno de la música, un programa de educación de pueblos indígenas con Google Earth, Android 2.0 y la publicidad de Droid en la portada de su buscador y un largo etcétera de proyectos que podría seguir recitando de memoria. De los tres últimos saraos a los que he ido en los tres había alguien de Google. Por supuesto la palma se la lleva el responsable de Google Enterprise en España y Portugal, para el que los usuarios no somos más que especímenes de laboratorio, pero eso es ya otra historia. De hecho, me extraña que tal y como afloraron en su día los blogs sobre la Manzana no haya ocurrido lo mismo con la empresa de Mountain View…
Google Inc. controla casi todos mis correos electrónicos, la información que busco, las fuentes que leo a diario, los documentos que escribo, mi navegación web, los ingresos de mis blogs, la publicidad que veo más frecuentemente a lo largo de la jornada, mi agenda del día, mis rutas de movimiento, los vídeos que veo y mi lista de contactos personales y profesionales. Además, no dentro de mucho seguramente también controle todas mis llamadas telefónicas, los libros que leo y hasta la música que disfruto. Por eso me extraña que a la gente esta divinificación de una marca les importe tan poco e incluso se dediquen a evangelizar su buen hacer, al menos hasta que nos tenga bien agarrados por partes sensibles.
Por ello, aunque sea el mismísimo demonio el que se ponga en contra de Google no puedo más que apoyarlo. La opinión general se pone en contra de Murdoch y de su decisión de impedir que Google acceda a sus contenidos, no hay voces disonantes, y sin embargo ya escondemos gran parte de nuestros contenidos personales en redes sociales ultrarrestringidas al Gigante. Quiero suponer que esta lluvia de críticas se debe más a que confundimos restringir el acceso de Google con la implatación de un sistema de micropagos, y no a que pensamos que Internet es sólo horizontal una vez hemos pulsado Buscar en Google y no antes.
Enrique Dans habla de que “Internet es un entorno en el que los contenidos se mueven con libertad: uno puede usar un buscador, y saber que la información a la que accede como resultado de una búsqueda es, en general, la mas relevante”. Hace no demasiado leía un estudio en el que jóvenes norteamericanos percibían los primeros resultados del famoso buscador como los más fiables. Yo, leyendo estas cosas creo que cada vez estamos más locos. En efecto Internet es libre y está lleno de contenidos fiables, pero al igual que Internet no es Google, la jerarquización realizada previamente por una empresa no es libre, fiable o simplemente relevante. No me refiero a que se beneficie a unos contenidos u otros según el interés, ¿alguno se ha fijado lo que ocupa ya el SEM?, sino más bien esa percepción de “si no sales en Google no existes”, esa costumbre de utilizar su caja de busqueda como si fuese una barra de direcciones o esa extraña suposición que hemos asumido en sociedad de que un algoritmo estático es capaz de evaluar individualizadamente las necesidades de miles de millones de personas. Google está engullendo poco a poco toda la potencialidad de Internet y confundiendo su marca con lo que le interesa para eliminar el resto.
Todavía no sé cómo, pero en contra de nuestra progresiva idiotización es Google la que debe morir antes que viejos dinosaurios como Murdoch a los que ya apenas les quedan dientes. O eso o rebautizamos al hijo pródigo por cambio de religión.


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